El multitudinario adiós al Indio Solari: un millón de personas en Avellaneda y un recital histórico en Comodoro Rivadavia

La despedida del cantante en el Polideportivo Gatica convocó a cerca de un millón de seguidores, con filas de hasta siete kilómetros. En simultáneo, Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado ofrecieron un show sin su líder que reunió a 7.000 personas en el predio y más de 200.000 por streaming.

Carlos Alberto “Indio” Solari, el poeta de masas del rock argentino, murió el viernes 5 de junio a los 77 años en su casa de Parque Leloir a causa de un accidente cerebrovascular hemorrágico. Padecía Parkinson desde hacía años. Lo que ocurrió después no fue un duelo más. Fue un fenómeno social que se midió en números elocuentes: cerca de un millón de personas pasaron frente a su féretro en el Polideportivo José María Gatica de Villa Domínico, Avellaneda, con filas que llegaron a superar las siete cuadras de largo.

Mientras la multitud desfilaba en el conurbano, a más de dos mil kilómetros al sur ocurría otra ceremonia de despedida. Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado decidieron mantener el recital que tenían pactado en Comodoro Rivadavia para el sábado 7 de junio, apenas un día después de la muerte de su líder. Ante 7.000 personas en el predio y más de 200.000 espectadores conectados por streaming, la banda transformó el show en un homenaje cargado de dolor, abrazos y una ovación que hizo temblar la Patagonia.

Las dos despedidas mostraron un rasgo central del fenómeno Solari: la organización fue completamente espontánea. No hubo convocatoria oficial, ni transporte pagado, ni listas de adherentes. La gente simplemente decidió ir. Y eso, en la Argentina de 2026, fue un dato político por sí mismo, en un país donde las representaciones tradicionales están fragmentadas. Avellaneda demostró que persisten comunidades culturales capaces de movilizar identidades a gran escala sin necesidad de intermediarios.

El Indio Solari nunca quiso ser el líder de nadie. Sin embargo, su partida dejó en claro que, sin discursos ni aparatos, su pueblo lo despidió como a un jefe. La fila de siete kilómetros no fue una postal más. Fue la constatación de que su voz sigue viva.


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