El tercer viaje de Milei a Israel: honores, apoyo a la guerra y un giro diplomático sin antecedentes

El Presidente se reunió con Netanyahu, recibió honores inéditos y ratificó el apoyo argentino a la guerra contra Irán. Es la tercera visita en dos años de mandato. El giro diplomático es el más abrupto desde el regreso de la democracia.


El presidente Javier Milei realizó entre el domingo y el martes su tercera visita oficial a Israel en dos años de mandato. Fue recibido con honores inusuales: encendió una antorcha en la ceremonia del 78° aniversario de la independencia israelí, un privilegio reservado hasta ahora para personalidades nacionales. También recibió un doctorado honoris causa de la Universidad Bar-Ilan y la Medalla Presidencial de Honor de manos del presidente Isaac Herzog.

En su agenda, Milei se reunió con el primer ministro Benjamin Netanyahu y ratificó el apoyo argentino a la guerra contra Irán, iniciada el 28 de febrero con una ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel. Anunció además su voluntad de trasladar la embajada argentina de Tel Aviv a Jerusalén “apenas las condiciones lo permitan”, desconociendo las sucesivas resoluciones de la ONU que consideran que el estatus de la ciudad debe ser definido mediante negociaciones entre las partes.

La gira incluyó la firma de acuerdos en inteligencia artificial, la puesta en marcha de una ruta aérea directa entre Buenos Aires y Tel Aviv a partir de noviembre de 2026 y la adhesión argentina a los “Acuerdos de Isaac”, un nuevo marco estratégico impulsado por Israel para reforzar alianzas en América Latina.

El punto más polémico del viaje fueron las declaraciones de Milei en la Universidad Bar-Ilan. “Con determinadas culturas no vamos a poder convivir, porque nosotros defendemos la vida y ellos nos van a querer matar”, afirmó. La frase fue interpretada por la oposición y organismos de derechos humanos como un respaldo explícito a la política de exterminio en Gaza, donde según el Ministerio de Salud palestino murieron más de 72.500 personas desde octubre de 2023.

El giro diplomático es el más abrupto desde el regreso de la democracia. La tradición argentina fue otra. En 2010, el país reconoció formalmente a Palestina como “estado libre e independiente”. Durante años, acompañó en la ONU las resoluciones que condenaban la ocupación de los territorios palestinos. Hoy, Milei votó en contra de una resolución que reclamaba la solución de dos Estados para israelíes y palestinos, una iniciativa que obtuvo 142 votos a favor en la Asamblea General.

Mientras el presidente argentino estrechaba lazos con el gobierno de Netanyahu, el tablero global se reconfiguraba sin Argentina. El 7 de abril, China y Rusia vetaron en el Consejo de Seguridad de la ONU una resolución impulsada por Estados Unidos y los países del Golfo que buscaba garantizar la seguridad de la navegación en el estrecho de Ormuz. El estrecho sigue controlado por Irán y el peaje se paga en yuanes, no en dólares. Es un golpe a la hegemonía de la moneda estadounidense.

La comunidad internacional que resiste la guerra se reunió en Barcelona en la Movilización Progresista Global, con la participación de Lula da Silva, Pedro Sánchez y Gustavo Petro. El gobernador bonaerense Axel Kicillof fue uno de los oradores centrales. “Hay otro camino que no es el de la guerra, la crueldad y el abandono”, sostuvo.

No hubo declaraciones a la prensa local. La oposición ya anticipó que pedirá explicaciones en el Congreso.

La Patagonia en disputa

Mientras Milei se abraza a Netanyahu, en el sur argentino crece una polémica que vincula al gobierno con intereses extranjeros. A principios de 2026, el oficialismo impulsó modificaciones significativas en la propiedad de tierras rurales y su uso tras incendios, buscando desregular el mercado y atraer inversiones. En ese contexto, comenzó a circular un informe que menciona planes para acoger a 300.000 israelíes refugiados de la guerra y establecer una comunidad privada en zonas quemadas de la Patagonia, denominada “Barrio Privado Josué, Profeta de Israel”.

Organizaciones judías y la Organización Sionista Argentina salieron a desmentir la existencia de un plan de ocupación territorial, calificando las versiones como una reedición del antisemita “Plan Andinia”. Pero más allá de la veracidad del informe, el debate expone una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto un gobierno puede permitir que grandes extensiones de tierra, financiadas con recursos públicos, se conviertan en espacios privatizados que responden a intereses externos antes que al bien común?


La Corte fija el 10 de junio como plazo para que la Nación pague una deuda de $2,3 billones a la Provincia


Relacionados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *