Trump: “Estamos obteniendo un control realmente fuerte sobre Sudamérica en muchas formas”

La contundente victoria del oficialismo en las elecciones legislativas del 26 de octubre en Argentina, donde La Libertad Avanza de Javier Milei obtuvo más del 40% de los votos y controló distritos clave, no es solo un triunfo doméstico. Detrás de este resultado se esconde la mano invisible —y no tan invisible— del intervencionismo de Donald Trump y el gobierno de Estados Unidos. Mientras Milei celebraba con su himno heavy metal, los analistas susurran que el apoyo financiero masivo de Washington fue el verdadero motor que estabilizó la economía argentina justo a tiempo para inclinar la balanza electoral.

En las últimas semanas, Estados Unidos inyectó 20.000 millones de dólares a través de un acuerdo de swap cambiario firmado el 20 de octubre con el Banco Central de Argentina. Esta inyección colosal, destinada explícitamente a frenar la escalada del dólar blue que amenazaba con desatar una hiperinflación preelectoral, no fue un acto de filantropía. El Tesoro estadounidense vendió dólares en el mercado para mantener el peso dentro de una banda de flotación artificial, evitando un colapso que habría hundido las chances de Milei. Sin esta muleta, el oficialismo habría enfrentado un electorado furioso por la devaluación inminente.Trump, que condicionó este bailout al éxito electoral de su aliado libertario, no disimula su alegría.

Hoy mismo, el presidente norteamericano celebró el resultado afirmando que “esa elección generó mucho dinero para Estados Unidos”, aludiendo al repunte de bonos argentinos y la mejora en la calificación de deuda. Este respaldo no es aislado: encaja en una estrategia más amplia de Washington para apuntalar gobiernos afines en la región, castigando a disidentes como en Venezuela o Brasil con sanciones y amenazas militares.

En resumen, lo que Buenos Aires presenta como un mandato popular es, en realidad, un capítulo más en la doctrina Monroe 2.0 de Trump. Su injerencia económica y política en América Latina no solo asegura aliados ideológicos, sino que genera ganancias para Wall Street. Mientras Milei promete más reformas, Argentina se convierte en el laboratorio perfecto de un intervencionismo que, como admitió el propio Trump, “se está volviendo cada vez más fuerte”. El continente tiembla ante esta nueva era de dominación disfrazada de ayuda.

Relacionados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *