Geopolítica, relatos de poder, hechos reales y el lugar de Argentina

Febrero 2026 | Internacionales · Morón Hoy – Redacción

Mientras Estados Unidos agita amenazas y discursos de fuerza, el tablero global se mueve por otro lado. La guerra en Europa, el genocidio en Palestina y el avance de un mundo multipolar exponen una tensión central de esta época: lo que se dice y lo que realmente ocurre. Desde Morón, una mirada para entender el mundo sin slogans.


1. Un mundo que ya no responde a una sola voz

Durante gran parte del siglo XX y comienzos del XXI, el orden internacional tuvo un centro claro: Estados Unidos.
No solo por su poder militar, sino porque su relato —democracia, libertad, mercado— organizaba el sistema.

Hoy eso se resquebraja.

La guerra entre Rusia y Ucrania mostró un límite:

  • Moscú no fue derrotada.
  • Europa quedó debilitada energéticamente.
  • Estados Unidos sostuvo el conflicto, pero sin capacidad de cierre.

En paralelo, el ataque sistemático de Israel sobre el pueblo palestino —calificado por amplios sectores internacionales como genocidio— dejó otra imagen fuerte:
el derecho internacional existe… pero no se aplica igual para todos.

Ese doble estándar aceleró algo que ya venía ocurriendo:
el avance de un mundo multipolar, donde China, Rusia, bloques regionales y países del Sur Global buscan margen propio.


2. Trump, las amenazas y el poder que no aparece

Donald Trump volvió a escena con una narrativa conocida:
amenazas, advertencias, nombres propios.

Apuntó contra:

  • Delcy Rodríguez (Venezuela),
  • Claudia Sheinbaum (México),
  • Gustavo Petro (Colombia).
  • Groenlandia (UE)
  • Suiza

El tono es de choque. El mensaje es de fuerza.
Pero los hechos muestran otra cosa.

Durante las semanas posteriores a la intervención de Trump en Venezuela, no hubo:

  • intervenciones militares,
  • demostraciones de armas “definitivas”,
  • ni reordenamientos forzados del continente.

Pasa el tiempo, y el poder que se declama no se ejecuta.

Eso no significa debilidad inmediata, sino algo más complejo:
Estados Unidos ya no puede actuar sin costos, sin aliados automáticos, sin consecuencias económicas, legales o políticas.

En ese tablero en disputa, Estados Unidos también juega con la administración del escándalo como herramienta política. La reciente desclasificación y circulación de los llamados “papeles de Epstein” volvió a poner en escena una trama incómoda para las élites globales: listados de nombres que aparecen en registros judiciales, agendas o testimonios vinculados al financista acusado de explotación sexual de menores. Allí emergen figuras del poder económico, político y mediático internacional —algunas confirmadas como parte de investigaciones, otras apenas mencionadas sin imputación formal— mientras otras ausencias llaman tanto la atención como las presencias.

Más que revelar verdades cerradas, la operación expone una lógica conocida: un escándalo sirve para tapar, reordenar o disciplinar otro.

En el contexto del regreso de Donald Trump a escena y su intento previo de romper consensos del orden global —que no logró desmontar pero sí tensionar—, la exposición selectiva de estas tramas funciona como mensaje interno hacia las élites y como distracción externa para una opinión pública saturada. La moral puritana, indignada por los consumos privados de los poderosos, convive así con un sistema que rara vez avanza sobre las responsabilidades estructurales del poder real. En ese juego, la verdad no siempre se oculta: a veces se dosifica, se usa y se administra.


3. China, Rusia y la integración que no grita

Mientras Trump habla, otros actúan distinto.

China no amenaza:

  • compra puertos,
  • firma acuerdos energéticos,
  • impulsa el comercio en monedas locales,
  • fortalece organismos alternativos.

Rusia, aislada por sanciones, reconfigura alianzas y sostiene su posición militar sin colapsar.

No es romanticismo. Es realismo geopolítico:
el mundo se integra por intereses, no por discursos.

Fuente: Ministerio de Relaciones Exteriores República Popular China

4. Argentina: una historia entre soberanía y dependencia

Para entender dónde estamos, hay que mirar de dónde venimos.

San Martín pensó la Patria como parte de una América libre.
Rosas defendió soberanía frente a las potencias.
Yrigoyen buscó neutralidad y autodeterminación.
Perón propuso la Tercera Posición: ni Washington ni Moscú.

Más cerca:

  • Néstor y Cristina Kirchner apostaron a integración regional, UNASUR, relaciones con China y Rusia sin romper con Occidente.

En el otro extremo:

  • Mitre miró a Europa como modelo y dependencia.
  • Las dictaduras del siglo XX alinearon al país a la fuerza con EE.UU.
  • Menem abrazó el “relato del fin de la historia”.
  • Macri volvió al endeudamiento externo y la subordinación diplomática.
  • El milenismo actual plantea una alineación ideológica extrema, aun cuando el mundo va en sentido contrario.

Argentina, históricamente, crece cuando piensa con cabeza propia.
Se debilita cuando repite consignas ajenas.


5. Relato versus realidad: la clave de esta época

Hoy hay dos planos:

  • El relato: amenazas, discursos duros, épica de poder.
  • La realidad: negociaciones forzadas, límites legales, sistemas que ya no obedecen automáticamente.

Eso vale para:

  • la guerra en Europa,
  • Palestina,
  • América Latina,
  • y también para Argentina.

6. ¿Y a nosotros, qué nos importa?

Mucho.

Porque el orden mundial define:

  • precios de alimentos,
  • trabajo,
  • energía,
  • deuda,
  • margen de decisión nacional.

Entender el mundo no es lujo intelectual.
Es defender el futuro cotidiano.


No creemos en potencias salvadoras ni en obediencias ciegas.
Creemos en pensar, contextualizar y decir lo que pasa, aunque incomode.

Desde el Oeste del conurbano, el mundo también se lee.
Y entenderlo es el primer acto de soberanía.

Relacionados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *