En los últimos días, el Congreso brasileño aprobó una histórica reforma tributaria impulsada por el presidente Lula da Silva, que exime del impuesto sobre la renta a unos 25 millones de trabajadores con ingresos de hasta 5.000 reales mensuales (alrededor de 930 dólares). Esta medida alivia directamente la carga fiscal de los sectores más vulnerables, permitiéndoles destinar más recursos a necesidades básicas como alimentación y vivienda. Al mismo tiempo, introduce un tributo mínimo a las grandes fortunas y ultrarricos, elevando la progresividad del sistema y corrigiendo desigualdades arraigadas en la sociedad brasileña.

La reforma genera verdadera justicia tributaria al gravar más a quienes más tienen, con reducciones escalonadas para ingresos medios y un impuesto cero para los bajos, mientras impone tasas mínimas a patrimonios elevados por primera vez en la historia del país. Esto no solo equilibra la balanza fiscal, sino que fomenta una redistribución que empodera a las clases medias y bajas, contrarrestando décadas de políticas regresivas que penalizaban a los pobres.

En un Estado presente y comprometido, estos impuestos recaudados se destinan esencialmente a pilares como la salud pública, con mayor inversión en el SUS (Sistema Único de Salud); la educación, expandiendo becas y escuelas; y obras públicas, como infraestructura en regiones olvidadas. Así, la reforma no es solo un ajuste fiscal, sino una herramienta para el desarrollo social inclusivo, donde el bienestar colectivo se nutre de la solidaridad progresiva.

En contraste, la reforma tributaria que Javier Milei busca imponer en Argentina va en dirección opuesta: propone eliminar hasta 20 impuestos, reducir alícuotas en Ganancias e IVA, y expandir la base imponible, lo que en la práctica beneficia desproporcionadamente a los más acaudalados al bajar su carga impositiva sin contrapartidas redistributivas. Mientras Lula prioriza a los de abajo, Milei apuesta por un modelo que agrava la desigualdad, dejando de lado la justicia social en favor de una supuesta “simplificación” que favorece a los poderosos.

