10 de febrero 2026
El IPC de enero fue del 2,9% y marcó el quinto mes consecutivo de aumento. La decisión del Gobierno nacional de frenar un cambio en la medición encendió alertas sobre la credibilidad de los datos.
La inflación volvió a ocupar el centro de la escena. Según informó el Gobierno nacional, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de enero fue del 2,9%, un número más alto que el de diciembre y que confirma una tendencia: los precios vienen acelerándose desde mediados de 2025.
Para muchas familias de Morón y del Oeste, esto no es una estadística lejana. Se siente en el changuito del súper, en las boletas de servicios, en el transporte y en cada gasto cotidiano que cuesta cada vez un poco más.
Qué pasó con los números
El dato se conoció en medio de una polémica. El Gobierno había anunciado que iba a actualizar la forma de medir la inflación, usando una canasta de consumos más reciente, pero a último momento decidió dar marcha atrás y seguir con la metodología vieja.

La decisión derivó en la renuncia del director del INDEC, Marco Lavagna, y reabrió un debate sensible en la Argentina: qué tan confiables son las estadísticas oficiales.
Con la medición actual, la inflación tocó su punto más bajo en mayo del año pasado (1,5%), pero desde entonces sube de manera constante, empujada sobre todo por los alimentos, las tarifas y los servicios públicos.
Por qué importa el cambio que no fue
El nuevo índice le daba más peso a los servicios: luz, gas, agua, transporte y comunicaciones. Justamente los gastos que más pesan en los hogares trabajadores. Para economistas, el cambio no iba a generar un salto brusco, pero sí podía mostrar una inflación un poco más alta a lo largo del año.
Desde el Gobierno explicaron que prefirieron esperar “a que la desinflación esté consolidada”. En el mercado y en sectores académicos, en cambio, la decisión despertó sospechas: postergar el cambio para evitar números menos favorables.
Una historia sensible
La discusión no es menor. Argentina arrastra antecedentes de manipulación de estadísticas, especialmente entre 2007 y 2015, cuando la falta de datos confiables obligó a recurrir a mediciones privadas. Por eso, cualquier ruido alrededor del INDEC genera desconfianza, incluso cuando los números sean técnicamente correctos.
El propio Fondo Monetario Internacional pidió explicaciones durante una misión reciente en el país, en el marco del acuerdo vigente.
Lo que viene
El Presupuesto nacional prevé cerrar 2026 con una inflación cercana al 10% anual, pero analistas privados creen que será bastante más alta. Mientras tanto, para los vecinos y vecinas del Oeste, la pregunta es más concreta: ¿alcanza el sueldo? ¿se puede planificar algo?
Más allá de las disputas técnicas, la inflación sigue siendo un problema real, cotidiano y transversal. Y la confianza en los números públicos, una condición básica para que cualquier política económica tenga respaldo social.

