150 años de la primera llamada telefónica: de aquel “venga aquí, quiero verle” al vértigo de vivir hiperconectados


El 10 de marzo de 1876, Alexander Graham Bell pronunció una frase que pasaría a la historia: “Señor Watson, venga aquí, quiero verle”. Fue la primera transmisión exitosa de voz a través de un cable. A siglo y medio de aquel momento, el mundo está más comunicado que nunca, pero en el oeste del conurbano, como en todas partes, persiste la pregunta sobre qué tipo de comunicación estamos construyendo.

Un hombre derrama ácido sobre su teléfono en un laboratorio de Boston. Necesita ayuda. Grita a través de un rudimentario aparato a su asistente, que está en la habitación de al lado. Esa frase —”Señor Watson, venga aquí, quiero verle”— se convirtió en la primera transmisión exitosa de voz humana a través de un cable eléctrico .

Era el 10 de marzo de 1876. Alexander Graham Bell tenía 29 años y acababa de patentar, tres días antes, un invento que él mismo llamaba “telégrafo parlante” . Lo que no sabía era que estaba sentando las bases de lo que hoy conocemos como sociedad digital.

La primera llamada realizada en 1876 por Alexander Graham Bell en Boston, Estados Unidos.

En Argentina, la primera llamada se realizó el domingo 17 de febrero de 1878 . En en Buenos Aires los ingenieros Cayol y Newman unieron voces a 600 metros de distancia.

La historia detrás del invento: sensibilidad y controversia

Bell no llegó al teléfono por casualidad. Hijo y esposo de mujeres con problemas auditivos —su madre era sorda y su esposa también—, dedicó su vida a buscar formas de llevar el sonido a quienes no podían escuchar . Esa sensibilidad lo llevó a trabajar con personas sordas, entre ellas la célebre Helen Keller, quien le dedicaría su autobiografía.

Pero la historia del teléfono tiene una controversia que recién se saldó en 2002. Ese año, el Congreso de Estados Unidos reconoció que el verdadero inventor fue Antonio Meucci, un inmigrante italiano que en 1854 creó el “teletrófono” para conectar su taller con la habitación de su esposa enferma . Meucci, sin recursos para renovar su patente, vio cómo sus diseños terminaban en manos de Bell, quien los patentó y se quedó con el crédito .

El impacto social: mujeres al frente de las centralitas

Lo que vino después transformó la vida cotidiana. A fines del siglo XIX, la expansión telefónica trajo un cambio social silencioso pero profundo: las centralitas comenzaron a ser atendidas exclusivamente por mujeres . Fue una de las primeras puertas de entrada masiva de mujeres al mercado laboral formal, en un puesto que requería paciencia, voz clara y capacidad de gestión.

Desde entonces, la evolución no se detuvo. La telefonía fija dio paso a la móvil, el GSM popularizó el SMS, y el iPhone terminó de convertir el teléfono en una extensión del cuerpo humano . Hoy, según datos recientes, más de 5 mil millones de personas en el mundo usan Internet a diario .

Qué nos dejó esa primera llamada

“El teléfono fue para la sociedad de la información lo que la máquina de vapor fue para la sociedad industrial”, resume el catedrático Antonio Pérez Yuste . La frase es precisa: aquel grito de auxilio en un laboratorio de Boston terminó tejiendo la aldea global que hoy damos por sentada.

Pero a 150 años de distancia, quizás la pregunta no es cuánto avanzamos, sino qué hicimos con esa capacidad de comunicarnos. En el oeste del conurbano, como en cualquier parte, los teléfonos dejaron de ser solo para hablar. Son ventanas al mundo, pero también fuentes de ansiedad, dispositivos de control laboral y, cada vez más, herramientas que nos alejan del contacto físico que Bell intentaba facilitar.

El 10 de marzo de 1876, Bell llamó a Watson porque necesitaba ayuda. Hoy, con un teléfono en cada bolsillo, la pregunta es si todavía sabemos pedir ayuda cuando la necesitamos. Y si, cuando alguien nos llama, todavía estamos dispuestos a cruzar la puerta para verlo.



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