Milei inauguró sesiones con más insultos que propuestas: ataques a la oposición y un plan que golpea al conurbano

El Presidente habló casi dos horas en el Congreso, donde ratificó su alianza con Trump, anunció un ambicioso paquete legislativo y profundizó la confrontación con el peronismo. Detrás del discurso, quedó expuesta una hoja de ruta que apunta a vaciar de peso industrial al conurbano para relocalizar la producción en la Patagonia, con la energía y la minería como nuevos ejes.

En su tercera apertura de sesiones ordinarias, Javier Milei combinó el anuncio de 90 proyectos de reforma estructural con un show de agresiones a la oposición . Rodeado de seguridad y con el micrófono cerrado para los legisladores opositores, llamó “manga de ladrones”, “delincuentes” y “asesinos” a quienes lo interrumpían, y arengó: “Me encanta domarlos, me encanta hacerlos llorar” .

El Presidente ratificó su alineamiento con Donald Trump, a quien definió como “aliado clave”, y proyectó “el siglo de las Américas, de Alaska a Tierra del Fuego” . Pero no mencionó los bombardeos en Medio Oriente ni a los 500 muertos que dejó la escalada bélica que su principal socio impulsa en Irán.

El punto más sensible para el conurbano quedó en un segundo plano del discurso pero atravesó toda su lógica económica: Milei confirmó que su modelo apuesta a desarticular el tejido industrial del AMBA, bastión histórico del peronismo, para mudar el centro productivo a Neuquén y Vaca Muerta . “En cinco años, el complejo energético exportará 50.000 millones de dólares”, prometió, mientras el cierre de fábricas como Fate (920 despidos) y los ataques a empresarios como Paolo Rocca y Javier Madanes Quintanilla anticipan el fin de la industria protegida .

En lo económico, aseguró que “el desempleo bajó” y que “los salarios en dólares se triplicaron”, aunque omitió el cierre masivo de fábricas, que Argentina es el país con mayor depreciación monetaria de la región y que el poder adquisitivo sigue en caída . En los barrios del oeste, donde cada vez cuesta más llegar a fin de mes, el discurso de “grandeza” suena a otra cosa.

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