Festival de Cine de Mar del Plata: 71 años de historia en medio del ajuste a la cultura

Del 5 al 15 de noviembre se realizará la 41° edición del festival, con convocatoria abierta hasta el 30 de junio. Mientras el INCAA organiza el evento, la reforma laboral impulsada por el gobierno nacional amenaza con recortar los fondos del organismo y precarizar las condiciones de los trabajadores del cine.

Pero también hay otra cara: con jornadas laborales más largas y salarios que no alcanzan, para muchos vecinos del oeste y espectadores de a a pie, ir al cine dejó de ser una opción.

Un 8 de marzo de 1954, Mar del Plata se convirtió en el escenario del primer Festival Internacional de Cine de la Argentina. Setenta y un años después, la cita se mantiene: del 5 al 15 de noviembre de 2026 se realizará la 41° edición, con convocatoria abierta desde el 4 de mayo hasta el 30 de junio para películas de todo el mundo.

La estrella de Hollywood Errol Flynn fue una de las máximas figuras internacionales en la primera edición.

El festival, organizado por el Instituto Nacional de Cine (INCAA), es el único de América Latina en la misma categoría que Cannes, Venecia o Berlín. En sus pantallas conviven el cine clásico con las nuevas tendencias, y es un espacio clave para el encuentro de realizadores, críticos y público.

La otra película: la pelea por sostener el cine argentino

Mientras se anuncian las fechas, en el INCAA y en las casas de los trabajadores de la cultura la preocupación crece. La reforma laboral que impulsa el gobierno de Javier Milei incluye cambios que eliminan partidas históricas destinadas al cine, recursos que habían sido garantizados por 50 años en 2022 después de un largo reclamo de los gremios.

La Asociación Argentina de Actores advirtió que el proyecto “ataca de manera brutal” a la cultura. El INCAA perdería ingresos de aprobarse el texto actual. El organismo es el sostén de gran parte del cine nacional, con películas que ganaron premios en todo el mundo y que generan trabajo en todas las provincias.

39º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata · Entrega de Premios

Pero la discusión no es solo de plata. Detrás de cada película argentina hay meses, a veces años, de trabajo. Y con la reforma laboral, ese trabajo podría cambiar para mal. El proyecto del gobierno permite que las horas extras se compensen con días de descanso en lugar de pagarse. En un rodaje, donde las jornadas son largas y exigentes, eso puede significar más horas de trabajo por la misma plata.

La otra cara: el público que ya no llega

Hay un efecto menos visible pero igual de grave. Cuando la reforma laboral extiende las jornadas y flexibiliza los descansos, no solo afecta a los que hacen cine. También afecta a los que podrían verlo.

Con 12 o 14 horas de trabajo, más viaje en colectivo, más las tareas de la casa, ¿quién tiene tiempo de ir al cine? ¿Quién tiene energía para sentarse a ver una película después de semejante día? Y cuando llega el fin de semana, la entrada ya no es un gasto menor: para una familia de cuatro, sumar pochoclo y bebida puede ser el equivalente a medio changuito del supermercado, o tal vez más.

El cine, que alguna vez fue un derecho cultural accesible, empieza a convertirse en un lujo. Para los que trabajan más horas por el mismo sueldo, para los que perdieron poder de compra, para los que viven en el oeste y tienen que hacer dos horas de viaje para llegar a un complejo, la pregunta no es qué película ver, sino si vale la pena gastar esa plata y ese tiempo.

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En este contexto, la pregunta por las películas que representan al distrito en el festival cobra otro sentido. Cada año, realizadores del oeste buscan un lugar en las competencias nacionales. Algunos lo logran. Otros, no. Pero todos enfrentan el mismo desafío: hacer cine en un país donde el apoyo del Estado, lejos de estar garantizado, está en la mira.

La 41° edición del Festival de Mar del Plata recibe inscripciones hasta el 30 de junio. Las tarifas van desde 30 mil pesos para cortos nacionales hasta 60 dólares para películas internacionales. Para los que lleguen, hay premios en competencia oficial.

Afuera de la sala, la pregunta más difícil es otra: en un país donde se trabaja más horas por menos plata, ¿quién va a llenar las butacas?


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